Los "andarines" de los centros Rey Fernando y Río Ebro hemos realizado una salida muy bonita a Vadiello, en la Sierra y Cañones de Guara, de la que he sido partícipe. Ha sido mi primer acercamiento a este espacio protegido de nuestra comunidad y la verdad que ha merecido la pena.
Comenzamos la jornada ayer jueves a las ocho la mañana en la calle Pablo Picasso donde nos vino a recoger el autobús para dirigirnos hacia nuestro destino. Pasado Huesca, seguimos dirección a Barbastro. A los ocho kms, tomamos el desvío a Loporzano y pasado el pueblo nos adentramos en un paisaje espectacular que nos llevaría, siguiendo una carretera sinuosa y estrecha, hasta el embalse de Vadiello. A nuestra derecha al fondo del valle y formando estrechos cañones el río Guatizalema.
A las 9:40 llegamos al aparcamiento, donde termina la carretera que supuestamente debería haber llegado hasta Nocito, pero que se quedó en el embalse de Vadiello.
Charla entre Jaime y Marisol para ponerse de acuerdo en la ruta, plan, horario... y a andar. Cogemos el primer túnel que nos llevaría a la presa, foto de grupo en el mirador, y antes de cruzarla a almorzar para coger fuerzas.
Iniciamos la marcha con ánimo y dispuestos a disfrutar de cada rincón. El grupo se va estirando, algunos nos rezagamos admirando el paisaje que conforme va ganando en altura es más bonita. Las vista del embalse con los mallos al fondo es impresionante. Aprovechamos para tirar algunas fotos. Los famosos mallos de Lazas: El Puro, La Mitra y el Pico San Jorge.
Al cabo de media hora desde la presa llegamos al esconjuradero allí se produce un reagrupamiento para decidir las posibles rutas en función de las fuerzas de cada uno. El lugar es una construcción típica pirenaica, cuya misión era hacer esconjuros o conjuros para ahuyentar las tormentas y las malas cosechas. Esta muy bien conservada y al ser abierta a cuatro vertientes también puede servir de refugio en días de tormenta.
El grupo se partió en dos a partir de este momento. La mitad haríamos la vuelta grande y la otra mitad bajaría por la senda hasta la ermita de Fuen Santa, donde nos reagruparíamos. Allí hay bancos para descansar y un manantial donde reponer agua fresca y poder refrescar el cuerpo.
Miguel Ángel, gran conocedor de la zona y experto montañero se quedó en el grupo que iría por el sendero para guiarles. El grupo que seguimos ascendiendo se partió y cuatro compañeros tomaron la delantera cogiendo el camino equivocado. Tuvimos un momento de incertidumbre hasta que Jaime los localizó por teléfono y después de unos minutos de espera se produjo el reagrupamiento.
Seguimos ascendiendo un poco más y pronto iniciamos un suave descenso hasta llegar al lugar donde indicaba la subida hasta el "Huevo de San Cosme". El sendero ascendía serpenteante entre bojs, carrascas, romeros y enebros. Fue la parte mas exigente del recorrido, pero también la más agradecida por la recompensa obtenida. Los que conocían el lugar, Julián entre ellos, nos indicaron el camino y el acceso a una atalaya desde donde pudimos deleitarnos con la belleza de esa formación rocosa conocida como el Huevo de San Cosme. Mereció la pena llegar hasta allí. Aprovechamos para beber agua y sobre todo para sacar numerosas fotos. Algunos que siguieron el sendero pudieron avistar alguna cabra salvaje.
A medio camino, tanto a la ida, como a la vuelta, también paramos para admirar el "bosque encantando", un bosque de carrascas que forma figuras caprichosas y divertidas.
Una vez retornados al camino principal, seguimos descenciendo y pronto llegamos a la zona de las ermitas, muchas de ellas semiderruidas y con un aspecto de abandono.
Enseguida llegamos hasta la fuente (ermita Fuen Santa) donde estaban el resto del grupo, Alli disfrutamos de un buen trago de agua fresca, metimos las pies en el agua y algunos hicimos unas abluciones por cara y torso.
Después de un pequeño descanso, seguimos la pista que nos llevaría hasta las famosas ermitas de San Cosme y San Damián, que están ubicadas en un lugar privilegiado al abrigo de la pared de roca. Las han rehabilitado y son de propiedad privada, por lo que no pudimos visitarlas.
Dejamos la pista y ascendimos por un sendero sinuoso que nos llevó de nuevo al esconjuradero. Ya llevábamos más de tres horas de marcha y se agradecía la sombra del bosque durante el ascenso. Antes tuvimos ocasión de tomar alguna foto desde un mirador situado enfrente de las famosas ermitas de San Cosme y San Damián.
Una vez en el esconjuradero tomamos la pista de descenso que nos llevo de nuevo al embalse. Algunos cruzamos el túnel hasta que se acaba la carretera y pudimos disfrutar de la belleza de los mallos con todo su esplendor.
Al poco rato nos reagrupamos en la zona del aparcamiento y llego uno de los momentos mas importantes del día: la comida. Había que reponer fuerzas después de cuatro horas de recorrido. Buscamos zonas a la sombra cada uno donde pudo. Creo que este sería un aspecto a mejorar para otras salidas: tener previsto un lugar amplio y adecuado para comer en grupo. A pesar de ello dimos cuenta de nuestras viandas, las compartimos, especialmente las botas de vino y los sabrosos postres que muchos compañer@s habían preparado con esmero.
Antes de partir para Zaragoza, sacamos nuestra vena de niños y en un momento preparamos un juego, mezcla de bolos y petanca, con un tronco y piedras redondeadas (homolagadas) y disfrutamos un rato de lo lindo.
Al poco rato salimos para Zaragoza, haciendo una parada en Almudévar, donde visitamos el nevero que hay en la parte alta del pueblo, al que se accede desde una le las innumerables bodegas que allí existen. También vimos la ermita de la Virgen de la Corona y el museo del vino que se encuentra justo en los sótanos de la ermita.
En fin, pudimos disfrutar de un día precioso de convivencia entre todos, de contacto con la naturaleza en un entorno privilegiado dentro del parque natural de la Sierra y cañones de Guara. Un buen final para acabar la temporada de senderismo.











