miércoles, 18 de febrero de 2015

A VAREAR LA OLIVA

“A varear la oliva”

            Estas líneas quieren ser un homenaje a tantos hombres y mujeres de nuestro pueblo que durante días se dedicaban, y todavía se dedican, a una tarea dura y a veces difícil por las inclemencias del tiempo, como es la recogida de la oliva.

En Malón en los años 60 , eran muy pocos los que se podían librar de esa faena. Solamente aquellos pocos hacendados que podían llevar peones o los poquísimos que no dependían de la agricultura y se dedicaban a otra actividad Lo normal era que todas las familias se afanasen llegado diciembre a la recolección de la oliva.

Todos echábamos una mano, los chicos y mujeres por delante recogiendo las del suelo, los hombres adultos, después de “amantar”, sacudían con los palos a las mantas de tela y lona. Se utilizaba una escalera-banco para llegar a las copas, no creo que ya quede ninguno. A mediodía, ese gran momento del día: la comida. A veces la madre la traía caliente y recién hecha de casa, muchas veces en un cesto colocado de forma elegante en la cabeza. Eran momentos de gran comunicación entre grandes y chicos, los mayores nos hacían partícipes de muchas de sus historias, formas de entender la vida y todo eso. Era una forma de transmitirnos su cultura .


 Al acabar la tarde había que “ablentar” y para eso estaba la mano maestra del padre o el abuelo. Primero, con el cigarro de “cuarterón” echaba el humo para saber por donde venía el aire; luego, poco a poco, con la pala iba limpiando las olivas y las dejaba prestas para, en sacos, llevarlas al trujal.

Otra característica de esta actividad y que en algunos casos perdura, era que nos juntábamos un grupo grande formado por varias familias para poder afrontar de  forma más cómoda y efectiva el trabajo.

Hay que tener en cuenta que en Malón había en aquella época una superficie cuatro o cinco veces superior a la actual dedicada al olivar. Yo conocí tres trujales funcionando: el de la “Aceiterana”, el de Pérez Domeco y el de la Cooperativa Agrícola de S. Vicente. Esto os puede dar una idea, a los que no lo vivistéis, de cual era la importancia que tenía la oliva en Malón hasta finales de los 60.

Luego, por razones diversas y muy injustas, el aceite de oliva sufrió un desprestigio descabellado. Se llegó a decir sandeces de tal calibre, como que no era bueno para la salud u otras afirmaciones malintencionadas que hicieron que los aceites de semillas (soja, girasol, etc) desplazasen a un segundo plano al aceite de oliva, que desde tiempos inmemoriales había sido considerado un líquido casi sagrado. Más de uno hizo su agosto y en Malón desaparecieron la mayoría de los olivares y como es lógico también los trujales.

La faena, que comenzaba a finales de noviembre, se iba acabando poco a poco, aunque algunos la prolongaban hasta las vísperas de S. Vicente, pero lo normal era que a final de año ya no quedase mucho por coger. Así los chicos y chicas aprovechábamos algunos días sin escuela, por Navidad, para hacer otra faena a veces divertida y otras arriesgada, como era la de “rebuscar”.

Hay una historia muy divertida de un día de “rebusque” en la que participamos chicos y chicas desde los nueve a los quince años y que se acabó con tres del grupo atrapados por el guarda de Barillas. Después de toda una jornada sin rascar bola, al final de la tarde  nos fuimos juntando un grupo grande y acabamos en un olivar del conde de Barillas que estaba virgen. Los más atrevidos se lanzaron a completar la talega. Y entonces apareció el guarda y pilló a varios. Creo recordar que fueron Angelita Royo, Nati Ullate y Fermin Gil, aunque no estoy muy seguro. Les requisaron las olivas y el aceite para la lamparilla de San Miguel. Los demás salimos por piernas. El otro día lo recordaba con mi amigo Emilio, que lo cuenta con todo detalle, y nos reímos un rato. 

Las olivas que rebuscábamos nos las pagaban a duro el kilo,  y yo recuerdo que aquel día pesaría unos cinco quilos. ¡Menudo jornal!

Todas estas cosas y muchas más se me pasaron por la cabeza, dándole al palo entre olivo y olivo, un día de diciembre de hace unos años.